La idea generalizada de cómo es y se comporta un artista parece casi siempre vinculada a una persona que vive al margen y que, de algún modo, lo único que le mueve y llena su vida es su obra y su proceso de trabajo. Si, además, nuestro artista vive y desarrolla su actividad en Ibiza, parece inevitable pensar que las cosas serán así. Pues el escultor Luis Gallego, desde su pequeño taller de la isla, sí guarda semejanzas con esa creencia popular.

 Mi trabajo es quitar cosas, depurar y llegar a la esencia de cada bicho

“Siempre se me dió muy bien hacer manualidades. Incluso en el colegio los profesores se sorprendían de lo bueno que era, pero fui muy mal estudiante y todo aquello de las clases me aburría soberanamente. De todos modos, siempre supe que acabaría haciendo algo relacionado con la expresión artística, pero tardé un tiempo en tener claro en qué disciplina sería”, dice.

Luis es ahora, con 38 años, y después de haber estudiado Cine en Madrid y de desempeñar en Ibiza todo tipo de variopintos trabajos (halconero en el aeropuerto, profesor de esquí acuático, encargado de alquilar zodiacs en la playa,…), uno de los pocos artistas que dominan su personal oficio y crea, sin aparente dificultad, animales que surgen de un trozo de madera desechada que encuentra en la playa, de unos alambres o del tubo de plástico que llega a sus manos.

Sus piezas, hechas con todo tipo de materiales reciclados, esconden en su proceso de elaboración una magia que consigue que a objetos inanimados les falte sólo un soplo de vida para que sean reales. “Reconozco que tengo un creatividad especial y que está fuera de lo común, aunque para mí es algo normal, pero hasta que supe a qué a me iba a dedicar pasó mucho tiempo… hasta un día en el que recibí como un rayo que me descubrió claramente en la cabeza qué tenía que hacer. Comencé a trabajar con unos pequeños trozos de madera que tenía. Hice unos muebles chiquititos que derivaron hacia una forma animal, y conseguí hacer una mosca. Después de la mosca surgió un lagarto, un cangrejo, un pez…y así hasta hoy”, comenta.

Claramente autodidacta, Luis es ahora un artista completo que vive de su actividad, vende sus obras en el Mercado de las Dalias en Ibiza, y que disfruta plenamente de lo que hace. Eso sí, sus piezas, tampoco son para todos los públicos porque no todo el mundo las considera esculturas y por lo tanto no comprenden su valor material y económico.

“Mi trabajo me encanta y jamás pensé que iba a estar en un mercadillo, pero tengo que vivir y creo que los precios que tienen mis productos son reales y se ajustan a lo que yo entiendo que deben costar. Se lo digo a la gente y, a veces, veo salir humo de los pies de los turistas que pasan por mi puesto, pero ellos no son mis clientes. Yo quiero que quien compre una de mis obras, sepa valorarla. De lo contrario, estaría haciendo imanes para la nevera. Realmente estoy cobrando como si fuera un mal fontanero”, dice.

Y como ocurre con todo artista que se precie, el trabajo de Luis evoluciona a diario. Descubre nuevos materiales para incorporar a su producción, investiga proporciones, prueba nuevos colores, aplica otros métodos de composición…“Cada pieza tiene un principio y un final, y como no son copias de la naturaleza, veo las posibilidades que tiene cada uno. Es como ir haciendo un collage en el que vas viendo cómo funciona cada nuevo aporte que haces. Mi trabajo es quitar cosas, depurar y llegar a la esencia de cada “bicho”. Pueden pasar semanas hasta que lo termino, porque cada uno tiene su historia. Lo esencial, sin embargo, es que yo me lo pase bien”, asegura.

Ahora Luis está descubriendo nuevos materiales para incorporar a sus piezas. Ha investigado con el bronce, un material más noble que la madera y que le aporta a las piezas un aspecto y un valor diferente en su acabado. También prueba con la pintura, campo en el que ha hecho pequeños bocetos, pero lo que le gustaría es poder dedicar el tiempo a hacer una o dos piezas al año, piezas de gran formato, pero en las que pudiera centrarse mucho más. “Ahora, yo gestiono todo, busco los materiales, estudio las formas, busco las aplicaciones, preparo las ventas, voy al mercadillo…y eso me quita tiempo y me gusta menos. Yo solo quiero crear, que es cuando realmente disfruto…todo se andará”, asegura.

A finales de septiembre, Luis Gallego prepara su primera exposición en solitario en la isla.

Fotos: Pedro Ignacio Selles/ Luis Gallego

www.luisgallegoescultor.com

Proceso de realización de modelo dinosaurio


Pieza acabada de Garza con rana


Proceso de trabajo de pelícano


Trabajo de bocetado de mandril para acrílico


Acrílico en proceso


Rana realizada en bronce


Tiburón


Pez globo


Boceto de pájaro y mosquito


Mandril y detalle de cabeza

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