Lo que muchas veces determina la apariencia final de una objeto de cerámica puede esconderse en pequeños detalles de color o en la forma. Andrew Molleur, un ceramista con base en Kingston, en el estado de Nueva York, sabe que esas diferencias hacen que cada una de ellas sea única.

“Mi relación con esta faceta, la descubrí durante un verano, cuando mi madre me apuntó a unos cursos. Me sentí fascinado”, comenta Andrew. Posteriormente, una formación más especializada le ha llevado a convertirse en un gran referente internacional.

Sus piezas sobresalen por la delicadeza de sus formas, por la grácil manera de cubrirlas con la pintura y por la suavidad de sus colores. Diseños sencillos y depurados.

Cada uno de los objetos es especial. No me puedo implicar con cada uno de ellos de una manera muy intensa porque si no acabaría por ser un problema

Su estudio es un espacio diáfano al que le gusta llegar temprano para poder desarrollar pronto los trabajos que tenga que hacer cada día. Y es en ese caos controlado donde surgen formas y materiales con los que experimentar y probar texturas, colores, tramas o grafismos.

Su sueño es crear un módulo de enseñanza en el que esté incluida esta disciplina y que estuviera relacionada con la construcción, porque la cerámica también debe estar en el interior de las casas.

Foto: Katie Lobel

www.andrewmolleur.com

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