Estamos completamente seguros de que en algún cromosoma del ADN de esta joven diseñadora gráfica y artista plástica madrileña hay información codificada escondida en formas geométricas que le han allanado el camino para destacar en una disciplina de espectro tan amplio como el mundo gráfico. De lo contrario, no se entiende que su lenguaje, básicamente sustentado en los polígonos poco convencionales de sus obras ambiguas, entre una clara abstración teñida de figurativo de colores planos, nos llamen tanto la atención.

Sustentadas en una especialidad tildada por muchos de efímera, sus diferentes propuestas artísticas se articulan en torno a una formación académica que comprende y se nutre de la polifácetica visión de una audaz interiorista, la racionalidad de la estudiante de exactas y la emocional mirada de las pinceladas de las Bellas Artes, disciplinas por las que ha deambulado durante sus años de estudiante. “No fue hasta que entré en la facultad de Bellas Artes cuando descubrí el grafiti, una manifestación artística que se aparta casi por completo de los dogmas del arte perfecto y que me abrió una puerta completamente desconocida para mí. Fue entrar en otro mundo”.

Fue entonces, y hablamos de finales de los años 90, cuando el arte callejero, un tanto marginal y reservado para el lenguaje de protesta, se hizo más visible con un formalismo diferente y con un punto de vista un poco más ordenado. Surgieron planteamientos estéticos diferentes a lo que se hacía desde hacía tiempo en el grafiti y apareció un nuevo método de comunicación. “Nuestro trabajo durante aquellos inicios (en los que formó tándem con un novio francés con el que firmaba bajo el epígrafe El Tono y Nuria), era de intervención, sin una intención previa de destrucción y con el que queríamos integrar nuestro trabajo en las fachadas y muros de la calle.

Lo hacíamos un poco para imponer nuestra voluntad y para crear una nueva línea de diálogo más interesante. Siempre he pensado que con este tipo de propuestas callejeras, con un plus de belleza y de formas geométricas, se llega mejor a un público más generalizado que con las típicas letras del grafiti más radical. Además, al mismo tiempo, se ponía de manifiesto la enorme importancia que para nosotros tenía el soporte”.

Nuria recuerda entre risas aquellos años de sus comienzos cuando la policía le pedía la documentación cuando la descubrían pintando en una pared de un comercio abandonado y ella, sin oponer resistencia alguna, les facilitaba todo tipo de datos sin rechistar e intentaba convencer a las autoridades de que aquella intervención enriquecía las zonas deterioradas de la ciudad. “Años más tarde, tuve serios problemas con este tema porque inventé una llave maestra para abrir los rótulos luminosos de publicidad de las calles y retiraba las campañas de grandes marcas para instalar en su lugar mis obras, una época en la que hacía trabajos de papiroflexia, por ejemplo”.

“Siempre he pensado que con este tipo de propuestas callejeras, con un plus de belleza y de formas geométricas, se llega mejor a un público más generalizado que con las típicas letras del grafiti más radical”.

Después todo vino un poco rodado y las cosas se sucedieron de un modo casi espontáneo y natural, sin necesidad de llamar a ninguna puerta. Fue un tiempo en el que, por ejemplo y casi por casualidad, vio cómo algunas de sus piezas hechas para la calle se colgaron de las paredes de la recién inaugurada sala Moriarty. “Mi entrada en el mundo de las galerías fue algo casual. Tono y yo estábamos pintado en una calle de Madrid y se nos acercó una pareja a la que les llamó la atención lo que hacíamos. Nos contaron que iban a abrir una nueva galería y que querían contar con nosotros para una exposición colectiva de artistas emergentes”.

Detalle de color y tejido del modelo de alfombra Gunta.
Pruebas textiles de alfombras para la firma DAC.

Y a medida que pasaban los años, el arte de Nuria Mora evolucionaba, su producción crecía y se comprometía más, y las formas orgánicas, los detalles vegetales pasaron a formar parte de su iconografía y se mezclaron en nuevos proyectos que vieron la luz, entre otros, en colecciones de papeles pintados, pañuelos, posters, guías, postales, alfombras, instalaciones, esculturas, guantes, serigrafías…. y, más recientemente, en piezas de cerámica y una colección joyería.

 “Cada poco tiempo necesito cambiar de actividad, me gusta trabajar con gente, colaborar con otros y tocar palos muy diversos. Fíjate, con tanta actividad, llevo más de un año sin pintar en la calle de manera ilegal”.

“La cerámica me tiene fascinada. Sucede con muchas cosas que desconozco y de las que necesito saber. Sobre todo, porque soy “diversificadora”, quiero hacer muchas cosas y soy muy inquieta y me agarro a muchas cosas diferentes a la vez. Lo mejor de mi trabajo, es que tengo la suerte de trabajar como quiero y con quien quiero”. Sin embargo, este pluriempleo la lleva a realizar pocas unidades de cada proyecto. Básicamente, porque no cree en el trabajo seriado y porque, además, la pieza se revaloriza. “Cada poco tiempo necesito cambiar de actividad, me gusta trabajar con gente, colaborar con otros y tocar palos muy diversos. Fíjate, con tanta actividad llevo más de un año sin pintar en la calle de manera ilegal”.

Exposición “Drishti” en la Galería Patricia Amorcida, en MIlán.

Muestra en solitario en CEART, Madrid.

“Placas Tectónicas”, una exhibición para We Collect Club, en Madrid.

Lo próximo: un pequeño libro en el que a modo de retrospectiva se va a hacer un recorrido por toda su producción artística. “Me apetece mucho lo del libro porque no hay nada hecho sobre mi trabajo y estoy muy ilusionada”, confiesa.
Ya lo saben, atentos con lo próximo con que nos puede sorprender.

Colección de joyas, una colaboración con la diseñadora Helena Rohner.

Materiales y herramientas de trabajo.

Fotos: Nuria Mora

www.nuriamora.com

 

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