A pesar de que la profesión de ebanista en nuestro país cuenta cada vez con menos profesionales de los que nos gustaría, hay países en donde la recuperación de viejas tradiciones y conciencia artesanal es casi una máxima. De hecho, existen estudios especializados en estas técnicas de trabajo centrados en incentivar su continuidad y mejora.

El canadiense Loic Bard es uno de los profesionales del ramo que ha sabido sacar el máximo partido a su facilidad para con esta profesión. Sus manos hábiles y de proporciones perfectas para esta actividad, son las responsables de que sus trabajos hayan trascendido fronteras y hoy esté considerado como uno de los grandes ebanistas del mundo. Sus productos son piezas que el mismo califica de sentimentales porque son el resultado palpable de sensaciones y vivencias que ha tenido a lo largo de su trayectoria vital y que tienen un lenguaje propio.

Mis creaciones nacen a partir de los sentimientos, de las emociones que yo luego traslado a mi lenguaje personal a través de formas geométricas y orgánicas.

El gran pistoletazo de salida comenzó hace tres años, cuando Loic consiguió con su proyecto de fin de carrera, las lámparas Cáspide, el premio a producto del año en el Festival de Diseño de Montreal. Fue entonces cuando el diseñador decidió montar su propio estudio. Maquetas de producto, diseños a lápiz para descubrir los primeros trazos de un modelo, estudios de materiales y comportamientos sirvieron para que sus primeras piezas resultaran, cuanto menos, diferentes y originales.

“Mis creaciones nacen a partir de los sentimientos, de las emociones que yo luego traslado a mi lenguaje personal a través de formas geométricas y orgánicas. Después, experimento en modelos a pequeña escala en madera o metal antes de proceder a realizar la versión final” comenta el diseñador.

Sus primeras piezas, como la cómoda que realizó hace algunos años, sirvieron para experimentar en formas y para decidir materiales, pero fue a raíz de su contacto con la cultura japonesa cuando sus muebles cobraron vida. Ahí se creó un sello personal que actualmente ya funciona como marca y que descubre su pasión por el detalle y el mimo.

Líneas depuradas y detalles sutiles son características que definen todo su trabajo, pero el mobiliario en especial incita al tacto. Son objetos que llaman a ser palpados para conseguir transmitir su esencia interior. “Cada uno de ellos se enriquece con mis experiencias y eso se refleja en su diseño”, comenta. Por eso triunfan sus modelos de mesa Tokio o Mlavina, sus delicadas estanterías de pared, su mesa de trabajo Augustin o sus lámparas Yau, Tou o Tenkyú.

Y si hay algo que le define como artista es su pasión por el intercambio de experiencias con otros colegas. De estas simbiosis nacieron, por ejemplo, su taburete con lazo de madera curvada, Lasso, su banco N`Dop o sus sandalias de madera Sabho, trabajos que realizó con el diseñador francés Nicolas Granger.

Su último diseño: la escalera Ladder Up, un modelo simple, pero que como todos sus muebles cumple con los dictados de práctico, sencillo y funcional.

www.loicbard.com

Silla Funambule

Silla Funambule


Zapatos Sabho

Zapatos Sabho


Taburete banco Ndop

Taburete banco Ndop


Asientos de colección Lasso

Asientos de colección Lasso


Mesas de escritorio Louise&Augustin

Mesas de escritorio Louise&Augustin


Prototipo de taburete Andy

Prototipo de taburete Andy


Lámparas modelos Enu y Tenkyü

Lámparas modelos Enu y Tenkyü


Lámparas de la colección Capside

Lámparas de la colección Capside

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