Los tres estudiantes durante el proceso de trabajo.

Descubrir, encontrar, probar y ejecutar son acciones que muchos diseñadores de producto llevan a cabo cuando quieren innovar y crear proyectos con nuevos materiales. Sin embargo, muchas veces la propia naturaleza va por delante y, en este tipo de procesos, las materias más básicas, entre nosotros desde hace cientos de años, están a la espera de que sepamos descubrir todas sus posibilidades. En México, un país con mayoría de población rural que vive en estrecha relación con la agricultura zonas rurales, uno de los alimentos de mayor consumo y cultivo es el maíz, cuyas hojas son reutilizadas en numerosas ocasiones para servir de improvisados recipientes o envases que preservan otros alimentos.

Por esta razón, desde el Centro Universitario de la ciudad, y con motivo de la tradicional festividad de los muertos, que se celebra en el país centroamericano durante los primeros días de noviembre, se planteó un proyecto para descubrir otras aplicaciones de este tipo de productos naturales. Ahí nació “Tazas de hojas de maíz”, un trabajo de desarrollo e investigación ejecutado por un grupo de alumnos de este centro universitario (YenHao Chu, Nicolás de Vismes y Arturo Lezama).

Este taller cooperativo centró su trabajo en ofrecer una solución práctica y funcional a las hojas de maíz y desarrolló unos pequeños envases de fibra de maíz, revestidos con cera comestible, que permitían utilizarlos para tomar los tradicionales chupitos de tequila, la bebida tradicional de México. De este modo, un producto totalmente desechable como las hojas de maíz se transformó en un contendedor ecológico que permite su uso culinario.

Fotos: Anastasia Mityukova/Benoit Jeannet

www.yenhaochu.com

Proyecto final del trabajo “Tazas de hojas de maíz”.

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