Retrato de Julen Ussia.

Tras una conversación con el joven alfarero Julen Ussia nos ha quedado claro que trabajar con las manos y dar forma a piezas creadas con un material tan sensible como la arcilla se ha convertido en una de sus experiencias más íntimas y personales. Él mismo lo define claramente: “Siento un gran interés por mi relación física y mental con el torno como herramienta. Además, he descubierto que cuantos más recursos técnicos aprendo, más lejos me siento de dejarlo. Me pasa desde que empecé, quizás desde la primera semana, y ahora que he llegado hasta aquí, ya no puedo parar”.

Alfarero y artesano por tradición familiar, Julen busca transmitir con sus piezas un lenguaje puro, crudo, muy depurado y bien trabajado. Este espíritu está presente en todo su trabajo; una producción que se vertebra en torno a un mismo origen. “A nivel estructural, muchas de mis piezas parten del torno del alfarero. De tal manera que todas ellas comparten un mismo gen: son concéntricas en torno al punto central de la herramienta y nacen del espacio que genero entre mis dedos cuando las torneo”, asegura.

Pieza “La Sindical”.

Pruebas de cristal y arcilla.

Y es esa libertad creativa que le ofrece la cerámica y sus procesos de aprendizaje, la que le da confianza para moverse libremente y sin cortapisas como creador. “Este ámbito de trabajo que conozco y en el que me muevo desde hace seis años me ha brindado tener una actitud crítica en defensa del oficio, la optimización de recursos tanto materiales como energéticos y del valor del esfuerzo humano. Este tipo de oficios suponen un proceso de síntesis continuo y de adaptación de la tradición a nuevas situaciones. Me siento cómodo haciendo lo que hago, pero el cuerpo me pide más”, asegura.

Pero no siempre la arcilla ha sido el material clave de su producción. Previamente también tuvo ocasión de trabajar con la madera y el metal. “La arcilla tiene algo especial, es plástica como las personas, adaptable, sensible y tiene memoria, pero también necesito otros materiales para mi trabajo como el vidrio, la piedra o los desechos humanos…”, comenta. De hecho, recuerda que cuando era estudiante del “Máster en Cerámica: Arte y Función”, en la Universidad del País Vasco, su situación un tanto precaria, al igual que el resto de los estudiantes, le llevó a trabajar con residuos y restos de taller. “Esto unido a la negación a producir más piezas me llevó a un rico camino de exploración en el que la reutilización de los recursos existentes fue la clave. Siempre intento hacer con poco o menos”, dice.

Proyecto de mobiliario.

Prueba de materiales.

El resultado son formas limpias que tampoco necesitan un uso concreto y cuya funcionalidad puede estar en las manos de quien las compre. “No tienen un fin último, quizás un fin algo difuso. Pienso que el estudio del comportamiento de los materiales es el estudio de ese mismo comportamiento del ser humano. Me interesa estudiar lo que hacemos con ellos y cómo nos comportamos frente a ellos antes, durante y después”, dice.

Fotos: Anna Izquierdo / Julen Ussia

@julenussia

Piezas en exposición.

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